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Las fuerzas armadas y la revolución ciudadana en Ecuador

Por: Felipe Soriano
 
En el año 2006 el presupuesto de defensa de Ecuador equivalía al 3,67% del PIB, porcentualmente el más alto de Sudamérica para uno de los países más pequeños del continente.

En el 2008 ese rubro alcanzó 1.700 millones de dólares, que es lo que cuesta mantener una fuerza que los militares denominan “disuasiva”, es decir, que intimida, y como se sienten intimidados nuestros vecinos, ellos también se arman para intimidarnos, y así sucesivamente… esto, como parte de una estrategia cuyo objetivo es dar sostenibilidad a una institución que se ve amenazada desde que las potencias occidentales impusieran un nuevo orden una vez concluida la guerra fría.

Acabada la “amenaza comunista” y sin que nadie dispute la hegemonía bélica de los Estados Unidos, la doctrina de la seguridad nacional y las alianzas estratégicas se volvieron innecesarias, como casi innecesarios se volvieron los ejércitos de los países subdesarrollados.

Hoy, a nadie interesa la disputa de espacios geopolíticos sino el control de los mercados y la tecnología, y para eso lo prioritario es desarrollar y dinamizar las economías nacionales utilizando eficientemente los escasos recursos en proyectos rentables y no en gastos infructuosos. Este contexto profundizó la “crisis misional” de las fuerzas armadas, tema que ni siquiera ha sido puesto a debate por ese prurito de considerar “lo militar” como algo sibilino, inescrutable, y desde luego, por conveniencia de los gobernantes que pretenden comprar adhesiones a cambio de no afectar intereses utilizando cortinas de humo en forma de elaboradas trifulcas adornadas con discursos seudo nacionalistas.
¿Acaso alguna vez escuchamos al presidente preguntarse si es correcto destinar ingentes recursos para mantener una inmensa infraestructura, con varias decenas de miles de efectivos debidamente equipados, en un país con alarmantes niveles de pobreza e inequidad, que registra una tasa del 60% sumados desempleo y subempleo, con una educación que se ubica entre las peores de latinoamérica, y que presenta un altísimo déficit de servicios básicos, entre otras carencias?  ¿Para qué todo este aparataje de defensa si no se tiene enemigos de quienes defenderse?

Los políticos utilizan a los ejércitos, los ejércitos necesitan de los políticos, en medio de esa relación siempre estará latente un conflicto que milagrosamente se activa cada vez que es necesario desviar la atención del pueblo, especialmente cuando se presentan escándalos que involucran al gobierno; así, la bronca que antes fue con Perú y que duró más de medio siglo, hoy es con Colombia, la tierra de García Márquez, el vallenato, el aguardientico, el sicariato y el narcotráfico, nuestra aliada, la que queríamos como hermana. La incursión de tropas colombianas en un punto ignoto de la selva llamado Angostura, refugio de un cabecilla de las Farc y sitio de reunión con enviados portadores de efusivos saludos de sus fraternales aliados, será la justificación perfecta para exacerbar los ánimos de la ciudadanía cada vez que las encuestas digan que el líder de la pilche revolución está perdiendo popularidad.

Lo anecdótico es que exceptuando esta incursión, las únicas fuerzas que constantemente penetran territorio ecuatoriano son las Farc, según sus voceros sin afanes beligerantes puesto que solo ayudan a los carteles del narcotráfico a pasar droga que en su mayoría tiene como destino Estados Unidos -lo que compensa el déficit comercial de Colombia-   Es decir que el objetivo ulterior de la narcoguerrilla estaría enfocado en idiotizar a los gringos impulsores del neoliberalismo causante de todas nuestras desgracias; consecuentemente, desde la perspectiva político filosófica del socialismo del siglo XXI, las Farc perseguirían un fin patriótico-antiimperialista. ¡Y sí!, con esa lógica, “Tirofijo”, el “Mono Jojoy” y muchos otros habrían reivindicado su mácula de bandidos para convertirse en héroes, y como todo héroe merecen un justo reconocimiento que bien podría perennizarse en un monumento en la futura plaza de la revolución, en una mano empuñando un fusil AK47, en la otra sosteniendo una ramita de coca, y a sus pies decenas de secuestrados sujetos con cadenas.
Pero claro, no faltarán quienes insuflando sentimientos nacionalistas, recordando la trayectoria gloriosa –incluyendo las fábulas que escuchábamos en la escuela- de las huestes patriotas desde tiempos en que aún no existía la república, digan que cualquier cuestionamiento las debilita, que se atenta contra la patria; argumentarán que la acepción ‘defensa’ es un concepto que abarca escenarios que rebasan el típico y vulgar enfrentamiento a cañonazos o misilazos, y que justamente en esa redefinición misional está trabajando el gobierno. Seguramente a ello obedece que se haya puesto a la marina al frente de los negocios de Petroecuador y al ejército a cargo de la reconstrucción vial, con declaratoria de emergencia incluida, circunstancia que al momento de contratar les libera de engorrosos procedimientos atentatorios a la eficiencia y agilidad que exige el gobierno, pero que indefectiblemente se convierte en una puerta por donde libremente ingresa la rampante corrupción. En todo caso, esperemos que esa redefinición no abarque la defensa del autócrata mandón, omnisciente y omnipotente; el status quo implantado por la nueva, única y excluyente partidocracia; el imperio del autoritarismo; las restricciones a la libertad de expresión, la censura a los contenidos y a la programación de los medios; el amparo a los mandatos constituyentes -adefesios sin fundamento jurídico ni legitimidad, producto de la estulticia y arbitrariedad con que actuaron una mayoría de rábulas que se erigieron en la suprema voz del pueblo.  ¡Es imposible no emocionarse cuando se piensa en los asambleistas! En tiempo record aprendieron a agachar la  cabecita, a levantar las manitas, a sentarse, a acostarse, a arrastrarse… Tan eficientes resultaron que ni bien acabó la parodia de Montecristi, inmediatamente conformaron ese conciliábulo conocido como ‘congresillo’ con el único propósito de aprobar las leyes necesarias para que el autócrata consolide su hegemónico control del poder.

- Bueno, ¡basta de digresiones! al final ¿en qué quedamos con las FF.AA.?

- Lo razonable sería que se redujera sustancialmente el número de efectivos y desde luego el presupuesto que buena falta hace para proyectos sociales; que se cambie la vieja concepción de fuerzas armadas por la de guardia nacional; que una vez inmunizados contra la manipulación política, los marinos después de reprobar su gestión en Petroecuador, retornen brújula en mano a los barcos a combatir piratas, depredadores de la fauna marina, coyoteros, traficantes de droga; que el ejército se encargue de obras de beneficio comunitario en sectores marginales, construyendo puentes –asesorados por Tony El Suizo-, caminos vecinales, canales de riego, escuelas, dispensarios; que apoye a combatir la delincuencia. Para tranquilidad de quienes están preocupados de la frontera, pidamos a nuestros aliados ricos Irán y Venezuela que financien la construcción de un gran muro lo suficientemente alto y resistente que nadie pueda ingresar de forma clandestina -con excepción de las aves claro está, las demás especies no, porque en este país de predadores corren el riesgo de ser exterminadas.

- Hoy en día corresponde a la sociedad en su conjunto fortalecer y garantizar la democracia, esa no es una función que se deba delegar a determinada institución, más cuando la historia revela que en los últimos doce años no se hizo nada para preservar ese bien, limitándose a guardar un conveniente silencio ante flagrantes violaciones constitucionales, cuyo colofón fue el derrocamiento de varios presidentes, lo que significa que aún cuando se permita la prepotencia y la usurpación de poderes, al final no están para sostener presidentes que perdieron legitimidad.

- Luego, si las FF.AA. no garantizan la estabilidad de nuestro amado presidente, ¿quién entonces lo va a hacer?, me increparán.

- Conociendo el comportamiento de los militares ante los “golpes de calle”, evento en el que luego de “retirado el apoyo”, dejan indefenso -casi en pelota- al gobernante de turno, se me ocurre que nuestro Ayatolá bien podría crear una fuerza, a llamarse: “guardianes de la revolución ciudadana”, -¡y que no me vengan las hordas feministas a tacharme de machista por no poner “…y guardianas”, la palabra “guardianes”, en plural, en un genérico que abarca tanto a hombres como a mujeres, sin distinción de su inclinación sexual!-, bueno, lo importante es que esta legión en momentos de crisis, ante la irrupción de grupos corruptos pelucones, se activaría tomando el control –previa declaratoria de emergencia, obviamente- de los sectores estratégicos; actuaría entonces como fuerza de choque, mientras que en tiempos de paz podría dedicarse a adoctrinar y homogeneizar a las masas en el pensamiento socialista del siglo XXI, delirio que por cierto hoy nadie entiende.

Aquí es donde interviene y se justifica la existencia de la Secretaría Nacional de Inteligencia, identificando a los enemigos de la revolución, del nuevo país y de la nueva institucionalidad, necesarios para que el altísimo pueda gobernar.