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Entrevista a Miguel Portillo

El futbol corre rápido y cambia...hay que adaptarse
Por: Sergio Ferrari

M PortilloEntrevista con Miguel Portillo, defensor argentino de Young Boys
El tercer fin de semana de julio arrancó el nuevo campeonato suizo de clase superior. Diez equipos se disputan no sólo el título  de la temporada 2008-2009, sino también varias plazas para la Liga de Campeones  y para la Copa UEFA 2009.

Y en esta explosión de vivencias y expectativas colectivas, sobresale la presencia de varias decenas de jugadores extranjeros.
Once de los veinticuatro titulares del plantel superior de Young Boys, vicecampeón de la temporada pasada, son extranjeros, entre ellos tres con doble ciudadanía. Una realidad que “es una riqueza pero que también puede ser compleja”, al decir de Miguel Portillo, ex – jugador del Boca Juniors argentino en esta entrevista exclusiva.
 
M PortilloEL: Su carta de identidad...
MP: Nací el 26 de septiembre de 1982 en Villa Osorio, Corrientes, Argentina. Inicié mi carrera en el equipo de Taragüí, de donde pasé a una escuela de fútbol de la ciudad de Santa Fe. Llegué luego a Boca Juniors donde recorrí las diversas divisiones inferiores. Debuté en 2001 bajo la dirección de  Carlos Bianchi, y luego me instalé en Europa, jugando en Servette, Xamax, en un equipo de la segunda división francesa y desde 2005 en Young Boys. Vivo en Berna con mi esposa que también es argentina.

EL: En el plantel actual de Young Boys la presencia de extranjeros es significativa, entre ellos dos latinoamericanos, el brasilero Eudis y usted.
¿Cómo vive esa interculturalidad?
MP: Es mi realidad cotidiana desde que llegué a Suiza en el 2005. Viniendo de naciones con otras tradiciones y culturas, no siempre es evidente. En nuestro equipo hay numerosas nacionalidades representadas. Y se da un gran esfuerzo de cada uno por integrar al otro. Young Boys es un grupo unido.

EL: Un equipo que es una verdadera Torre de Babel por los diferentes idiomas que hablan sus integrantes. ¿Cómo hace el entrenador para hacerse comprender?
MP: En nuestro caso, el club nos  posibilita cursos de alemán. Tenemos la suerte de contar con un cuerpo técnico que habla varios idiomas. Ciertas orientaciones técnicas son traducidas por los jugadores que ya llevamos un tiempo aquí.

M PortillloEL: ¿En lo personal, como resolvió ese choque lingüístico?
MP: Con mi base de francés. Y con el tiempo, con los conocimientos de alemán. Ahora entiendo más, voy progresando incluso en el diálogo. El entrenador quiere que se hable alemán como lengua común. Es correcto dado que estamos en Suiza y más precisamente en Berna. Es importante que se estimule aprender un idioma que será importante  para cada uno de nosotros, no sólo para el fútbol ahora sino para el futuro.

EL: ¿Si mira su pasado de futbolista en Argentina, cuál es la gran diferencia entre ese deporte en su país y en Suiza?
MP: El estilo mismo del fútbol que se juega. No quiero decir para nada que aquí sea malo, porque realmente no es malo y en los últimos años ha hecho enormes progresos.
Hay que entender que tanto aquí como allá, el fútbol corre rápido y cambia. Y uno personalmente, con una carrera deportiva que no será eterna, debe adaptarse a esos movimientos constantes. En cuanto a la pasión de las hinchadas, también hay diferencias. En Latinoamérica hay gente que trabaja con el objetivo de ganar el dinero para pagarse la entrada a la cancha...

M PortilloEL: Volviendo a lo interpersonal... ¿Cómo se construyen las relaciones en un equipo, dentro y fuera del vestuario?
MP: Siempre lo digo: en un equipo con 25 o 30 jugadores no se puede tener el mismo nivel de amistad con todos ya que es un grupo humano muy grande. Pero es importante una buena relación profesional con todos. Y la construcción de afinidades especiales con algunos. En esto juegan un papel importante nuestras mujeres. Se tejen relaciones fuera de lo profesional donde ellas se puedan sentir bien.

EL: Para terminar, ¿cómo vive el futbolista- inmigrante la distancia con su país?
MP: No siempre es fácil. Se extraña la familia y los amigos. Por suerte las nuevas tecnologías, como Internet, la videocámara, nos permiten achicar distancias. En las pausas largas volvemos regularmente a Argentina. Uno se acostumbra a esta forma de vida. Aunque debo confesarle que cada vez que voy a Argentina, se me hace más difícil retomar la vida cotidiana aquí. Pero somos profesionales y nos sobreponemos a esos sentimientos contradictorios.