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Entrevista a Fernando Iwasaki

Por: Rebeca Martín
Fotos: Patrick Loosli y Ecolatino

Fernando Iwasaki“Para ser un buen escritor hay que ser, antes que nada, un buen lector”. Es la consigna de Fernando Iwasaki Cauti, joven e ingenioso hombre de letras de la literatura peruana contemporánea, además de apasionado lector desde sus años de la adolescencia. Confiesa que “la primera experiencia textual es la más esencial y memorable”, e incluso afirma que en su caso personal “fue más interesante que la otra”.

Rememorando días pasados, agrega: “En aquel tiempo remoto mi promiscuidad textual era absoluta, y podía quedarme horas en la cama disfrutando del texto por el texto, practicando la homotextualidad y a veces la heterotextualidad”.
Fernando Iwasaki es un historiador acucioso, pero también un escritor que recorre las dimensiones de lo humano. Que conoce bien los secretos de las emociones, porque confiesa que ha vivido y sabe perfumarlas, con buena dosis de humor, en relatos brillantes y audaces.
«Fernando Iwasaki Cauti explora la historia con ojos de artista y creador de ficciones», como bien lo ha expresado su compatriota y amigo Mario Vargas Llosa. Su literatura es auténtica. Traslúcida. De esa que deja entrever un amplio bagaje cultural, producto de años de estudio, investigación, lectura y docencia. Es también mestiza, como los mismos rasgos de su propia identidad.
Gracias a la librería Albatros una entrevista a este gran escritor se hizo realidad.
Mi promiscuidad textual se encendió en mi adolescencia, nos comentó Fernando antes de  concedernos una entrevista exclusiva.

fernando IwasakiEcolatino: Ha afirmado que «la primera experiencia textual es la más esencial y memorable», en razón de ello, ¿retorna frecuentemente a las lecturas de adolescente?
Fernando Iwasaki: Sí. Sobre todo ahora que tengo hijos adolescentes. Me he vuelto incluso hasta maniático de buscar los libros que yo leí, y en las ediciones en que yo los leí. Siempre lo he hecho, desde que eran niños. Ahora que tienen 19, 18 años sigo allí, tratando de decirles: mira, yo leí La Cartuja de Parma con 17 años, entonces tú tienes ahora que leerlo porque considero que tienes la preparación mental para hacerlo. La verdad es que los chicos de hoy en día, y esto es mérito de algunas familias no del sistema, han perdido esa capacidad. Yo siento que cuando era adolescente el ideal era ser mayor y más maduro. En cambio ahora, hasta la gente de mi edad tiene como ideal ser adolescente. Hay una descompensación. Antes los jóvenes queríamos ponernos la ropa de nuestros padres, y ahora los padres queremos ponernos la ropa de nuestros hijos. 

EL: En nuestra sociedad actual los jóvenes cada vez leen menos ¿Considera que la solución es que los docentes apliquen lo que usted ha definido como «acoso textual»?
FI: Sí. Yo pienso que los profesores no deben dudar a la hora de «obligar» a los chicos a leer, porque recuerdo que yo tuve profesores en matemática que nunca se hicieron ese mismo razonamiento moral. Es decir, ¿cómo voy a obligar a este joven a sacar raíces cuadradas, a calcular ecuaciones de tercer grado, a memorizar complicadas tablas de fórmulas? Ningún profesor en matemática piensa si éticamente eso se puede hacer o no. Los de letras sí pensamos que no debemos obligar a nadie a nada, pero al final creo que cometemos un error, ya que la cabeza de los chicos es como una computadora, un disco duro: el sistema operativo se los cargamos leyendo.

EL:¿Qué se siente estar en medio de una encrucijada de culturas?
FI: El hecho de haber nacido en el Perú y de vivir en España, de que mi familia paterna era japonesa y mi familia materna es italiana, me hace pensar que las fronteras están como borrosas en mi propia identidad. Pero no creo haber perdido un país, yo vivo en España hace 22 años. Pienso que ninguno de los que vivimos fuera hemos perdido un país, por el contrario, hemos ganado otro. Nos hemos enriquecido con lenguas, viajes y lecturas.

Fernando IwasakiEL: La abolición de fronteras entre géneros, la variedad de temas abordados y la disparidad de códigos lingüísticos presentes en sus relatos, ¿pudieran tomarse como reflejo de esa condición mestiza?
FI: Estoy completamente de acuerdo. Tengo un libro de ensayos que se titula « Mi poncho es un kimono flamenco», con el cual pretendo, desde el título, poner en entredicho el tema de la identidad; porque es verdad, yo nací en el Perú pero mi familia paterna es japonesa y vivo en España. Yo no es que sea un exiliado: yo soy el exilio. Yo no existiría sin el exilio de mis familias. Entonces ponerme ahora a presumir de ser de un sólo sitio, pues creo que no. Si esa confusión de fronteras se da en mi identidad, en lo que escribo también debería darse. Me gusta que mis ensayos parezcan relatos, que mis novelas parezcan memorias, que mis cuentos parezcan artículos. Eso a mí personalmente me produce mucho placer.

EL:¿Cuándo descubrió que era escritor?
FI: Es una buena pregunta, porque a mí muchas veces me parece que es muy pretencioso describirse como escritor. Yo no vivo de la literatura, no podría vivir de la literatura. Creo que solamente me siento escritor en viajes como este, en Ginebra, donde puedo sentarme frente a una grabadora con alguien que me hace preguntas sobre lo que escribo.

EL: En su función de escritor, ¿cómo logra mantenerse en equilibrio entre la Historia y la Ficción? ¿Cómo estabiliza esa balanza?
FI: Cuando era más joven estaba dedicado a la historia y a la investigación histórica, entonces pensaba que los mejores temas tenían que venir de mi especialidad como historiador. A medida que te vas haciendo mayor y vas adquiriendo un poco de madurez te das cuenta que los mejores temas provienen de tu vida y de la vida de quienes te rodean. Creo que lo importante al final es aprender a escribir sobre la condición humana, sobre los problemas de los individuos, y ya da igual que tengan, o que no, la trascendencia histórica. En todo caso la misión de la literatura no es decir la verdad sino ser verosímil.

Fernando IwasakiEL: De los autores universales y latinoamericanos, ¿cuáles son los que más han influido en su obra?
FI: Como soy peruano de nacimiento, los primeros autores que leí con gran ilusión fueron peruanos, entre ellos: Julio Ramón Ribeyro, Mario Vargas Llosa y Alfredo Bryce. Luego están Borges y Julio Cortázar, que me abrieron la mente hacia  infinitas posibilidades de la ficción. García Márquez también me encendió la cabeza por una serie de metáforas y figuras que me parecían completamente nuevas. Soy gran lector de Stendhal, me encanta Herman Melville, el portugués César de Queiroz, los rusos Chéjov y Tolstoi, y, por supuesto, Shakespeare.   

EL: Como historiador, ¿cuál cree que ha sido la más grande falacia que nos ha querido vender la historia de América Latina?
FI: La historia de América Latina parte de una cosa terrible, que es el tratar de escamotearnos lo que nos toca de responsabilidad en nuestra condición de países subdesarrollados. Siempre nos han tratado de decir que los culpables de todos nuestros males siempre han sido España, o los Estados Unidos, o el país de al lado, pero nunca nosotros. Yo creo que los países muchas veces pagan las consecuencias de sus propios errores, errores que pueden venir de sus clases dirigentes, o de otros sectores sociales, pero propios. Creo que las grandes falacias son esas porque contribuyen a crear falsos patriotismos, populismos políticos y coartadas, para no explicar las razones de tantos fracasos.

EL: Ha afirmado que no “corren buenos tiempos para el erotismo”. Si el género erótico está tan gastado, entonces, ¿cuál cree que será la segunda parte? ¿Qué vendrá después del erotismo?
FI: Yo recuerdo que cuando era chico, ciertas películas eran para mayores de 21, y ahora cuando las vuelves a ver son películas de un candor extraordinario. Ahora tú vas a un kiosco de periódicos y te encuentras en todas las portadas de las revistas con un esplendor anatómico impresionante. Entonces claro, los niños, los jóvenes de hoy ya eso les es indiferente. Hoy en día ya no hay nada que profanar, ni transgredir. ¿Dónde se ha refugiado el erotismo contemporáneo? En lo que no se ve. Me refiero a esa gente que se conecta en Internet a chatear con alguien que no sabe cómo es, y que se pone como libélula nocturna. A lo mejor estás chateando con alguien terrible… pero yo creo que eso es lo que va a venir a continuación. El erotismo vinculado a lo que no se ve, a lo virtual, pero que te pone el “disco duro”.

EL: Su Libro del mal amor narra con mucho humor diez de sus fracasos amorosos siendo adolescente. ¿Ha querido reírse de usted mismo?
FI: Sí. Mucho. Creo que a falta de éxito amoroso, bueno es el fracaso humoroso. Pienso que en la historia sentimental de cada quien hay más éxito que fracasos.   

Fernando IwasakiEL: Ha afirmado que « el buen humor de su Libro del mal amor no deviene de los amores no correspondidos sino de los amores no correspondientes ». ¿Podría explicarnos?
FI: Yo creo que el amor no correspondido es aquel que de alguna manera genera resentimiento, y allí entra todo el folklore latinoamericano: las letras de las rancheras, de los boleros, los valses peruanos y de muchos tangos. Son cantos por el amor no correspondido. Yo creo que esa gente no se dio cuenta que su amor era no correspondiente. De qué vale vivir rebotado porque la mujer me dijo que no. La verdadera autoayuda en este caso es averiguar donde está esa gente de la que uno se enamoró cuando tenía 16 años. Es como si estuviéramos mirando a través de una cerradura y decirnos: ¡De lo que me he salvado!

EL:¿A qué se refiere cuando dice que los latinoamericanos tenemos con lo paranormal una relación de lo más normal?
FI: A que todos nosotros, desde que somos niños, nos han alimentado la imaginación con historias de fantasmas, de aparecidos, de penas. Hay una especie de culto a la historia oral de terror. Por eso escribí el micro relato de terror, porque cada uno de esos pequeños cuentos era una reelaboración de un mundo oral que rendía culto al terror.

EL: Actualmente hay un culto excesivo al bisturí, a la belleza física. ¿Por qué esa creciente ansia de embellecimiento exterior y no interior?
FI: Porque ya hemos superado a Pinocho. Pinocho era ese muñeco que quería ser un niño, ahora los niños queremos ser muñecos. Michael Jackson representa el paradigma de todo eso.

EL:¿A qué hecho considera que se debe el acentuado nuevoriquismo y el culto a las apariencias y al lujo que reina en las sociedades actuales?
FI: Yo creo que se debe a que ha triunfado la sociedad del espectáculo de la que hablaba Guy Debord. Hoy en día tener lecturas, saber idiomas, tener mundo, viajes, ya no interesa. Hace a lo mejor 50 años todo eso podía aureolarte de misterio, de interés. Mira esta persona, ¡qué atractiva, todo lo que sabe!… ahora eso ya te convierte en un idiota. Éste ha leído mucho, habla idiomas, ¡qué aburrido debe ser! Es el desprestigio de cualquier expresión del conocimiento y de la cultura. Ha triunfado la frivolidad.

Fernando IwasaskiEL: ¿Cuál es su relación con Dios?
FI: No soy ateo, porque si lo fuera sería militante, y estoy contra las militancias. Me considero agnóstico. Me es indiferente el mundo y el universo religioso, pero sí creo en lo que las personas que quiero creen. Esto puede ser difícil de comprender, pero pienso que una expresión del amor es el respeto de las creencias de las personas a las que quieres. No puedes reírte ni burlarte de lo que es verdaderamente una sensibilidad esencial de una persona a la que quieres.

EL: ¿Cuáles son sus preferencias musicales?
FI: La primera y más importante son los Beatles. En todos mis libros hay una contraseña Beatles, en el título de un relato, o en un personaje. Creo que para mí los Beatles son esenciales. Más que ser Leninista, soy Lennonista. Luego, en general, me gusta todo el pop y el rock donde igualmente destaca The Police.

EL: ¿La gastronomía ocupa un espacio importante de su vida?
FI: Como creación sí. A mí me gusta cocinar, y lo hago. No me considero un sibarita ni un gastrónomo. Creo que cocinar es como escribir o componer; es un acto de creatividad.